sábado, 14 de mayo de 2016

Laura

A Laura no le gusta que se refieran a ella como una “chica” o una “mujer”, pero no creas que es transexual; no tiene problemas con ser hija, hermana, novia, amiga o compañera de alguien (o de nadie), o con ser lingüista, editora o correctora de estilo, pero ser simplemente “mujer”, a su parecer, conlleva ciertos tintes sociales con los que no se siente completamente cómoda. Es curioso, porque, en general, la filosofía feminista defiende la posición de las mujeres con independencia de su relación con los demás (entiéndase “con los hombres”); es decir, ellas sostienen que no debes darle valor a una mujer a través de un sustantivo que la sitúe con respecto de su relación con alguien más (especialmente “madre” o “esposa”); sin embargo, los seres humanos, como seres eminentemente sociales que son, se dan valor a sí mismos a través de sus relaciones con los demás (sean formales o informales). ¿Es esta una forma de someter a las mujeres? Tal vez sea pura coincidencia. Pero dejemos de provocar a las feministas.

Laura no se maquilla, no usa tacones, no plancha su ropa (“ni en defensa propia”, dice, para hacerse la interesante); en fin, rechaza muchas prácticas propias de lo que se esperaría de una señorita, y sin embargo no lo hace para renegar ni protestar contra nadie, simplemente le da hueva invertir demasiado tiempo en su cuidado personal, si de por sí no hay demasiado qué resaltar en ella (dice, para que le eches una flor). Lo que es, se ve; si no se ve, pues no está y ya. Y a pesar de todo esto, su naturaleza humana, sus hormonas y toda su personalidad están impregnadas de feminismo; finalmente, ser mujer le viene desde adentro y eso no lo puede negar. Y no le molesta, pero tampoco le encanta. Sólo es así y ya.

De alguna manera, Laura se siente más cómoda mirando el mundo desde una perspectiva que podría considerarse masculina (que no machista); es como si le gustara mirarlo con ojos varoniles, pero no de hombre. Será que ella misma no comprende a su género… o será simplemente que no quiere darle tintes sexistas a su visión del mundo; entonces, inclinarse ligeramente a lo masculino le ofrece cierta imparcialidad (al fin que entre humanos sólo hay hombres, mujeres y términos medios entre ambos). Por eso, Laura se siente más cómoda cuando la llaman “panda”. Tiene algo de irónico ser “un panda”, porque el artículo que delimita al sustantivo es masculino, pero el sustantivo, a pesar de ser masculino (como el artículo indica), tiene “forma” de femenino (por sus vocales: panda). Pero no te dejes engañar: su apodo le viene por pura casualidad, por la canción de Yuri del osito panda de Chapultepec, y nadie reflexionó sobre la morfología antes de adjudicárselo.

[Este texto lo escribí hace aproximadamente un año y medio.]

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