martes, 3 de enero de 2017

¿Qué le pasa a mi país?



[Una reflexión completamente subjetiva]

Para mí, el principal problema es la deslealtad en las administraciones de cualquier tipo (de una tienda o de un gobierno, sea local o estatal). Podemos verlo, por ejemplo, con la forma en que operan los diputados (ya conocida por todos), quienes tienen la capacidad (y lo hacen) de adjudicarse aumentos salariales y toda clase de prestaciones extraordinarias antes de dedicarse a favorecer aumentos similares para la clase trabajadora. Pero en general es así: cuando uno tiene la libertad de fijar sus ganancias, en lo oscurito mueve las variables para favorecer al máximo sus ingresos.

Un ejemplo: yo trabajo a veces con un impresor que, antes, cada vez que le pedía un presupuesto, me preguntaba si quería que él me diera un costo más elevado para sacar de ahí un porcentaje de ganancia para mí, a manera de “comisión” (o sea, que si él cobraba 10, podía decir que eran 15 para que yo me quedara con 5, así nada más porque sí). Eso se considera una práctica “de cuates” y él dejó de ofrecérmelo porque siempre le decía que no, que me diera el presupuesto real. ¿No parece eso corrupción? Para mí sí. Y quizá no me habría hecho rica con eso, pero de haber aceptado aunque fuera una vez, habría negado para mí el más importante de mis principios, que es la congruencia.

¿Cuántos de nosotros, simples mortales ajenos a las grandes jerarquías políticas y empresariales, no hemos visto prácticas similares? El ejemplo más poderoso que tengo de rectitud en ese sentido es el de mi papá, a quien recuerdo haber escuchado hace muchos años decir, con mucha indignación, que alguien le había ofrecido trabajar en un proyecto para la construcción de una obra (o algo así) y, dentro del presupuesto, prácticamente por requisito le pedía “inflar” los costos a fin de dejarse un margen para él y para el responsable del proyecto; esto aparte de su ganancia “legítima”. Esta práctica es exactamente igual a la que me ofrecía el impresor (a quien considero una buena persona; medio distraído, pero trabajador), pero a mayor nivel, porque maneja presupuestos mucho mayores y se relaciona con proyectos y dinero públicos.

Cuando tú eres el dueño de un negocio y decides darle trato preferencial a alguien (por amistad, por simpatía o por cualquier otra razón), estás decidiendo qué hacer con tus propios bienes y tienes la libertad de ejercer la práctica que desees; uno puede juzgar tus actos y decir que haces mal o que actúas en detrimento de tu propio negocio (por ejemplo, si tienes un restaurante y un día se te antoja invitar a tu familia) y ya, pero al final es tu negocio; sería lo mismo que decidir usar tu dinero para hacerle un regalo a un amigo. Sin embargo, si por tus prácticas caprichosas comienzas a afectar a quienes trabajan para ti, entonces comienzas a caer en prácticas desleales que, para mí, ya pueden calificarse de corruptas (por ejemplo, si pagas salarios bajos, pero con el dinero de tu empresa financias directamente gastos personales para ti o para personas cercanas a ti, sobre todo si esos gastos son elevados, como pagos por autos de lujo o viajes de placer); la situación se vuelve más clara cuando tomas esa clase de decisiones con bienes que no te pertenecen.

El camino a la corrupción es difuso, por eso muchas veces es difícil reconocerla en nosotros mismos o en personas cercanas, pero es muy fácil verla en otras personas, como los políticos, porque actúan en proporciones altísimas en comparación con nosotros y, generalmente, el efecto de sus actos tiene un impacto negativo para los demás. Pero hacen exactamente lo mismo que nosotros; no hacen lo que haríamos en su lugar, hacen lo mismo que nosotros y punto, sólo que en distinto nivel.

El problema no es “el sistema”, sino las personas que lo operan de manera mañosa para beneficiarse. Deberíamos empezar por aceptar que nosotros somos de la misma clase de personas que aquellos que con sus decisiones caprichosas nos afectan de alguna u otra forma (aunque alguno que otro llore y diga que él no es así).

El problema no es contra el gobierno, sino contra nosotros mismos. Para mí es obvio: cuando tenemos un problema tan marcado contra alguien, generalmente es reflejo de un problema que tenemos con nosotros mismos (eso me lo podrá decir cualquier psicólogo o entendido de las emociones humanas) y la masa social suele tener un comportamiento muy similar al del individuo (un individuo promedio; por eso a veces nos sentimos ajenos al pópulo, pero siempre formamos parte de él, de una u otra manera).

No podemos “culpar” a las políticas públicas por la simple razón de que no las comprendemos. Nuestra postura siempre parte de la opinión más o menos informada (generalmente menos) de alguien más que lo único que tiene es que grita más fuerte, pero nunca la pasamos por un proceso de análisis mínimo. Sólo reaccionamos a estímulos simples. En el caso del gasolinazo es igual: subió la gasolina. ¿Por qué? Porque así lo decidió el gobierno. ¿Por qué lo decidió así? Porque me quieren fregar para beneficiarse ellos, así que vamos a protestar.

Sí, la situación en nuestro país es mala en muchos sentidos, pero no es la solución tomar decisiones basados en juicios tan simples. Es importante conocer más (en el sentido técnico o académico) sobre la situación para poder tener una postura más o menos informada y tomar decisiones más sensatas y, sobre todo, útiles.

A final de cuentas, la solución para mí será siempre actuar con base en nuestros valores personales y mantenerlos firmes a pesar de todo. Es muy fácil caer con el pretexto fácil de: “Ellos lo hacen, ¿por qué yo no?”

Para terminar, una duda: ¿por qué no se vieron protestas contra la “reforma educativa” igual de enardecidas que contra “el gasolinazo”? En la red sobraban argumentos hasta explicados con manzanitas que nos ayudaban a entender por qué no es conveniente ni para los alumnos ni para los maestros, y la postura de los expertos en educación era marcadamente en contra; sin embargo, tristemente casi nadie se atrevió a decir nada, como que estaba mal posicionarse “en contra de la evaluación a los maestros” y, como quiera, siempre pudo más la mala imagen que se tiene sobre los maestros protestantes de Chiapas, Oaxaca y Guerrero (bola de huevones que hacen de todo antes que ponerse a trabajar; eso sí, los estudiantes normalistas de Ayotzinapa son héroes nacionales, pero eso solamente porque eran estudiantes y al parecer el gobierno los mandó desaparecer).

En el caso del aumento a la gasolina, la postura “de los expertos” es igual de marcada a favor. Y no digo que se trata de estar en favor de lo que hace el gobierno (que a veces es tonto tener miedo de darle la razón porque se trata de nuestro villano favorito, aquel al que podemos culpar de cualquier cosa); para mí, el chiste es reflexionar sobre la situación en general y tratar de analizar qué dicen y en qué se basan los que saben (que saben porque dominan determinado tema, no nada más porque yo digo que saben) para tratar de entender qué es lo que pasa.

Nuestro proceder debe dejar de basarse en cosas tan simples como reaccionar enardecidos cuando alguien nos e incita a protestar sin ir más allá.

Un ejercicio sencillo: tratemos de entender qué factores inciden sobre el precio de la gasolina y desglosémoslos para saber a qué se debe el actual aumento. Se vale hacer referencia al gobierno, pero no en general; es decir, hablemos de Hacienda o de Pemex, o de la Reforma Energética, no directamente sobre Peña Nieto. Si al final llegamos a la conclusión de que el gobierno es un ente maldito que nos quiere dañar a todos, ya será de cada quien, pero no puede ser la premisa de la que partamos si al final vamos a aludirlo como conclusión.

Palabras al cierre: conclusión subjetiva para una reflexión subjetiva
Cada vez que decimos que los mexicanos somos grandes personas y que no tenemos el gobierno que merecemos, nos alejamos más, no sólo de la solución a nuestros grandes problemas como sociedad, sino de la realidad. Hacernos las víctimas para justificar lo que hacemos y juzgar a los demás es parte de esos grandes problemas.

viernes, 21 de octubre de 2016

Carros hostiles

Imagen: wired.com

Ayer salí en bici, como prácticamente todos los días, porque es mi medio de transporte.

Realmente no hace mucho que estoy tan involucrada con esto del ciclismo amateur, pero estoy ya familiarizada con el tráfico de Colima. Eso significa, principalmente, que estoy acostumbrada a los conductores que me gritan, me pitan, me rebasan a una distancia y velocidad imprudentes, entre otras bonitas costumbres; al parecer, a algunos —no puedo decir que a todos, ni siquiera que a la mayoría— les molesta el simple hecho de ver bicicletas circulando en la calle.

En fin, que ayer salí de compras en bici. Para regresar a mi casa, me voy sobre avenida Niños Héroes y, donde hay un Oxxo, tomo el carril izquierdo para dar vuelta a la izquierda sobre avenida Solidaridad. En esas estaba cuando escuché un claxon medio impaciente detrás de mí; como siempre hago, volteé para buscar la cara del susodicho y, cuando hicimos contacto visual, me volvió a pitar. Quizá me pude haber abierto a la derecha para dejarlo pasar, pero dos cosas:

1. Yo quería agarrar el carril de la izquierda para dar vuelta.
2. ¿Por qué debería ceder ante esa actitud? Cuando algún auto me alcanza y veo que tengo espacio, no tengo ningún problema en hacerme a un lado para dejarlo pasar.

Cuando pasó junto a mí, el conductor me gritó: “Tu lugar es en la orilla, no en el carril”; palabras más, palabras menos, pero sí fue muy claro al decir que no me corresponde circular sobre el carril, que —pensará él— es exclusivo para los automóviles.

Se ha vuelto tan común para mí vivir ese tipo de rencillas que ya ni siquiera me enojo y pocas veces me asusto (a los tráileres, autobuses y camiones sí les tengo más respeto). Pero me quedé pensando: ¿Cuántos automovilistas de hecho creen que los ciclistas no tienen o no deberían tener permitido circular sobre los mismos carriles que utilizan los autos? Me atrevo a pensar que la mayoría.

Quizá muchos no lo sepan —yo me enteré hace poco—, pero existe una Ley de Fomento para el Uso de la Bicicleta en el Estado de Colima, publicada desde el 5 de septiembre de 2012, así como un reglamento que deriva de ella. El artículo 4° de ese reglamento dice que “los conductores de vehículo automotor de dos o más ruedas deberán respetar el derecho que tienen los conductores de bicicletas, en sus diferentes modalidades, para usar un carril de circulación”.

Ahí lo tienen. Los ciclistas tenemos derecho de circular por las vías urbanas.

Bueno, pero más allá que defender mi derecho, me gustaría invitar a la reflexión, tanto a los automovilistas como a aquellos ciclistas que aún circulan con miedo sobre las banquetas, en sentido contrario o a la orilla del camino.

Quizá en otras ciudades la realidad sea diferente, pero en Colima, el ambiente para el ciclista urbano, más que peligroso, es hostil; es decir, el automovilista en general ve al ciclista como un enemigo invasor y, por ello, sus esfuerzos se concentran en quitarlo del camino, no en atropellarlo. Quizá la diferencia sea sutil, pero me parece importante comprenderla: un automovilista no desea que los ciclistas se mueran (quizá algún desequilibrado sí, pero dudo que sea una tendencia general), sino simplemente que no le estorben.

Insisto, no me refiero a la mayoría de los automovilistas porque, en mi experiencia, es un porcentaje más bien pequeño (de todo el total que circula por las calles) el que se comporta de manera hostil.

Una vez que estamos de acuerdo en que la bicicleta es un medio válido de transporte, debemos entender por qué es importante que el ciclista circule dentro de los carriles, no a las orillas.

Cuando circulas lo más pegado a la orilla del camino, te expones a muchos peligros:

1. Es fácil para el resto de los automovilistas ignorarte y pasar junto a ti como si no estuvieras ahí, a toda velocidad y a escasos centímetros (o milímetros). Algunos, de hecho, quizá ni te vean.
2. Si hay autos estacionados al pie del camino, te arriesgas a que abran la portezuela justo en el momento en que pases junto a ellos y, al estar tan cerca, esa portezuela puede hacer que te lleves un buen golpe. Conozco historias y seguro todos hemos visto algún video.
3. Peor que el punto anterior, por ir tan cerca de los autos estacionados, si uno de ellos está a punto de maniobrar para incorporarse a la circulación, es muy probable que no te vea, aunque se asome primero por el espejo retrovisor, y si casualmente pasas junto a ese auto cuando decida arrancar, el que saldrá mal librado serás tú.
4. Si no hay autos estacionados al pie del camino, aún existe el riesgo de que salga algún auto por una calle perpendicular y no te vea con la suficiente anticipación.

En cambio, cuando circulas sobre un carril del camino, obligas al automovilista a que te vea; te conviertes entonces en un elemento de su realidad al transitar y forzosamente te tomará en cuenta antes de hacer cualquier maniobra. Sí, quizá te pite, te grite o intente hacer algo para asustarte, pero te estará viendo y, mientras te vea, estarás a salvo.

La circulación de bicicletas puede ser algo incómodo y, en algunos casos, hasta engorroso para los automovilistas, pero no es algo que en sí mismo vuelva más lenta la circulación. Al contrario. Y es más importante conservar la propia integridad que evitar ser una incomodidad para aquel que simplemente no se ha adaptado —o no ha querido adaptarse— a los nuevos tipos de transporte urbano.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Por qué el Frente Nacional por la Familia en realidad atenta contra el progreso de nuestra sociedad

Hay muchas razones por las que el dichoso movimiento llamado Frente Nacional por la Familia (FNF) me produce conflicto. Es verdad que defiende posturas que directamente atentan o chocan (de manera conceptual) con características de mi persona —es decir, yo soy homosexual y espero algún día casarme y tener hijos, y este movimiento se opone a que los homosexuales se casen y tengan hijos—, pero mi conflicto va más allá de eso: es el hecho de que defiende “argumentos” que en realidad son vacíos, porque se basan en datos falsos, manipulados o tergiversados, y su discurso es discriminante. Además, cuando uno cuestiona a los simpatizantes del movimiento, su mejor defensa es que tienen derecho de expresarse.

No es mi intención acallar las “voces en contra” para censurarlas y socavar la libertad de expresión de nadie; lo único que busco es aportar argumentos para que cada quién revise su postura y, con base en un análisis racional, concienzudo y muy personal, decida si en realidad sus exigencias son válidas desde los propios principios que defiende; es decir, si las ideas que expresan a través de su movimiento por la familia son congruentes con sus valores éticos y morales, con su sentido del respeto, de la justicia, de la equidad, etcétera.

¿Qué busca el Frente Nacional por la Familia? En su página web lo dicen muy claro:

Promovemos y defendemos a las instituciones más importantes de la sociedad: el matrimonio, conformado entre un hombre y una mujer, y la familia natural, ambas bases de nuestra sociedad.

Nacemos en respuesta al paquete de iniciativas en contra del matrimonio y la familia natural anunciado por el presidente Enrique Peña Nieto el pasado 17 de mayo de 2016.

En el Frente Nacional por la Familia rechazamos y solicitamos lo siguiente:

Rechazamos, enérgica y categóricamente este paquete de iniciativas autoritarias y exigimos al presidente Enrique Peña Nieto las retire, ya que las presentó con base en su convicción personal y sin consultarnos.

Solicitamos que el Presidente de la República, Enrique Peña Nieto, tome en cuenta la primera iniciativa ciudadana en la historia de México para reformar el artículo 4º constitucional.

Y su propuesta de reforma es la que sigue (en negritas se indican los cambios y yo indico con fondo amarillo los fragmentos que más llaman mi atención):

El varón y la mujer, siendo diferentes y complementarios entre sí, son iguales ante la ley. Ésta protegerá la organización y el desarrollo de la familia.

La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y debe ser protegida y apoyada por la sociedad y el Estado, a fin de que su entorno les garantice a todos sus miembros las condiciones necesarias para alcanzar un óptimo desarrollo.

Se reconoce el derecho del varón y de la mujer a contraer matrimonio y a fundar una familia. El matrimonio no podrá celebrarse sin el libre y pleno consentimiento de los contrayentes.

El matrimonio es una institución de interés público y el fundamento natural de la familia; como tal debe ser protegido por el Estado, como un compromiso público que toman libremente un varón y una mujer, para amarse, fundar una familia y educar a sus hijos hasta que alcancen la mayoría de edad.

Todo matrimonio o concubinato tiene derecho a decidir de manera libre, responsable e informada sobre el número y el espaciamiento de sus hijos.

En todas las decisiones y actuaciones del Estado se velará por el desarrollo integral de la familia, siendo éste el principio que guiará el diseño, ejecución, seguimiento y evaluación de todas las leyes, programas y políticas públicas de los tres órdenes (niveles) de gobierno de los tres Poderes de la Unión.

Los padres tienen el derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos; incluyendo la correspondiente al desarrollo de las aptitudes intelectuales, morales y religiosas, la educación sexual, las actitudes y virtudes.

En todas las decisiones y actuaciones del Estado se velará y cumplirá con el principio del interés superior de la niñez, garantizando de manera plena sus derechos. Los niños y las niñas tienen derecho a la satisfacción de sus necesidades de alimentación, salud, educación y sano esparcimiento para su desarrollo integral.

A fin de garantizar el respeto del interés superior de la niñez, todos los niños y niñas tienen el derecho a crecer en su familia, bajo el cuidado y protección de su padre y su madre. En el caso de orfandad de padre y madre de un menor o si fuese es privado de manera definitiva de su familia de origen, se deberá asegurar su cuidado y protección por un padre y una madre adoptivos. El Estado no puede por ninguna causa privar deliberadamente a un niño de este derecho.

Los ascendientes, tutores y custodios tienen la obligación de preservar y exigir al Estado el cumplimiento de estos derechos y principios.

El Estado otorgará facilidades a los particulares para que coadyuven al cumplimiento de los derechos de la niñez.

Me tomé la libertad de eliminar el contenido del artículo que no está sujeto a modificaciones porque es irrelevante.

Ahora, los fragmentos más significativos:

El varón y la mujer, siendo diferentes y complementarios entre sí, son iguales ante la ley.

¿En qué sentido son el varón y la mujer diferentes y complementarios entre sí? Si más adelante se señala que son iguales ante la ley, ¿con qué fin se hace esa distinción, si no está contemplada en la redacción original del artículo constitucional? ¿Qué objetivo tiene?

Se reconoce el derecho del varón y de la mujer a contraer matrimonio y a fundar una familia.

Es decir que la familia que no derive de un matrimonio legal entre un hombre y una mujer no estaría amparada por la ley. Más adelante se precisa este punto.

Todo matrimonio o concubinato tiene derecho a decidir de manera libre, responsable e informada sobre el número y el espaciamiento de sus hijos.

La redacción original dice: “Toda persona tiene derecho a decidir de manera libre, responsable e informada sobre el número y el espaciamiento de sus hijos.” Es decir que, de aceptarse la reforma, una mujer no podría tener la libertad de decidir ser madre soltera; incluso, una pareja no podría decidir tener hijos si no legaliza su unión a través del matrimonio o el concubinato. De nuevo, más adelante se precisa sobre esto.

Los padres tienen el derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos; incluyendo la correspondiente al desarrollo de las aptitudes intelectuales, morales y religiosas, la educación sexual, las actitudes y virtudes.

Al respecto de este punto, leí por ahí que se trata de que el FNF se opone a que en las escuelas se enseñe el concepto de “ideología de género”. Ignoro en qué términos pretenda enseñarse, pero al hacer una búsqueda en la red, lo único que me queda claro es que la ideología de género, a grandes rasgos, cuestiona los roles de género en cuanto a las características y comportamientos que se esperan de cada individuo según su estatus de hombre o mujer. En este sentido, imagino, por ejemplo, que los niños aprenderán que no está mal que a una niña le guste jugar futbol o que a un niño le guste vestir de rosa, porque no significa que se estén comportando como el género opuesto.

A fin de garantizar el respeto del interés superior de la niñez, todos los niños y niñas tienen el derecho a crecer en su familia, bajo el cuidado y protección de su padre y su madre. En el caso de orfandad de padre y madre de un menor, o si fuese privado de manera definitiva de su familia de origen, se deberá asegurar su cuidado y protección por un padre y una madre adoptivos.

He aquí el meollo de los puntos anteriores. Lo dicho: de acuerdo con esta propuesta de reforma, el estado sólo ampararía a la familia derivada del matrimonio entre un hombre y una mujer y, por lo tanto, sólo desde este modelo se permitiría a los individuos hacerse cargo de sus hijos.

Me había parecido entender que, por ejemplo, si un hombre o una mujer enviudaran, no tendrían derecho de hacerse cargo de sus hijos, pero al leer con más cuidado, entiendo que el Estado intervendría solamente en caso de que un niño quedara huérfano de padre y madre (en caso de que falten ambos, no uno solo); aun así, me parece importante señalar que, entonces, tampoco habría posibilidad de que se hicieran cargo sus abuelos o algún otro pariente cercano, a menos que estuvieran legalmente casados y ejercieran la adopción.

El Estado no puede por ninguna causa privar deliberadamente a un niño de este derecho (tener un padre y una madre).

Quizá parezca irrelevante esta precisión, pero me surgen varias dudas: ¿qué pasaría en los casos de denuncia por violencia familiar? ¿Qué pasaría en el caso de una mujer que decide abandonar a su esposo golpeador y llevarse a sus hijos a un domicilio distinto? ¿Qué pasaría con los casos de maltrato de menores por parte de sus padres? ¿En ningún caso sería válido retirar a un menor del cuidado de sus padres, aun si se comprueba que abusan de él, que son negligentes, etcétera? Ahí muy claro dice: “Por ninguna causa”. Me gustaría saber de qué manera esta disposición estaría garantizando el bienestar de los niños.

¿Por qué el Frente Nacional por la Familia considera necesarios estos cambios en la redacción del artículo 4º constitucional? ¿En qué basan su petición? ¿Qué problema puntual y concreto buscan resolver y de qué manera quedaría resuelto con esta reforma?

A continuación, enumero los argumentos ofrecidos por el FNF o por quienes simpatizan con sus ideas. Me baso en lo que he leído y visto en videos de internet, así que me disculpo de antemano si hay alguna idea que esté dejando fuera. Trato de cubrir todas las opciones.

1) No se puede llamar “matrimonio” a la unión de dos personas del mismo sexo porque, en su raíz etimológica, esta palabra implica la presencia de una mujer (mater).

Es curioso que haya personas que aluden al “verdadero” significado de matrimonio. Debo admitir que mi formación como lingüista me ha dado una sensibilidad ante el lenguaje que otros profesionistas (o personas no interesadas en la lengua) quizá no tengan; eso no significa que sea una experta en etimología (más bien soy todo lo contrario), pero al menos estoy consciente de que el significado es una atribución de las palabras que evoluciona con el tiempo y el uso (como todo), que esa evolución está en gran parte determinada por el uso popular y, sobre todo, que la etimología de las palabras es una interesante manera de ver la historia.

En fin, el movimiento defiende la definición de matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer; por lo tanto, no se puede llamar matrimonio a la unión de dos hombres, porque la raíz mater excluye al género masculino. Entonces pregunto: ¿se le puede llamar matrimonio en el caso de dos mujeres? Y también: ¿se le puede llamar matrimonio a la unión de una pareja heterosexual si no tienen la intención de concebir hijos (es decir, la mujer no será “madre”)? En ese caso, ¿debería ser un requisito para el matrimonio el que la pareja heterosexual manifieste por escrito su intención de tener hijos, así como su consentimiento para ser “auditados” (por decirlo de alguna manera) en determinado plazo, a fin de comprobar que hayan concebido hijos, con la posibilidad de disolver el matrimonio en caso incumplimiento?

Ahora, sobre el significado etimológico de matrimonio, me gustaría compartir un texto que encontré en la red:

La palabra matrimonio sólo hoy significa la unión legítima y jurídica de una pareja. En latín no era así: esta unión jurídica se llamaba en latín connibium. La palabra matrimonium, en origen, significa el estatus jurídico de una mujer casada y la maternidad legal, el derecho a ser la madre legítima de los hijos de un varón, y todos los derechos que de ello se derivan para la mujer.

Hay que recordar que la mujer romana (siempre que no sea esclava, sino ciudadana) tiene, según el derecho romano y toda la práctica constatada, exactamente los mismos derechos que el varón (derecho a la educación básica, a recibir herencia, a testar, a emprender negocios comerciales o legales, juicios, a ejercer todo tipo de profesiones excepto la abogacía y la política, etcétera), excepto dos: 1) derecho al voto político y a ser candidata política; 2) derecho a la patria potestad sobre los hijos o la familia que por definición es del padre. Otra cosa es que para emprender cualquier acto legal o jurídico necesite un representante varón (sea el padre, el esposo o un tutor o representante legal a sueldo), pero sus derechos los tiene y puede perfectamente reclamarlos en los tribunales si se incumplen.

Pero, además, por matrimonio legal adquiere otra serie de derechos que son los que se designan como matrimonium (condición jurídica de la mujer casada y madre de familia), bien marcadas por la ley y punibles en caso de incumplimiento, y que principalmente, aparte de otros derechos menores, son: 1) derecho a heredar y disfrutar los bienes del marido si enviuda, si se casó cum manu (pasando a la tutela legal del marido). Si se casó sine manu lo que conserva es el derecho a heredar de su padre, en paridad con sus hermanos varones, y a ser mantenida por su familia paterna, si enviuda; 2) derecho a ser mantenida y respetada por su marido y la familia de este, así como para los hijos habidos y a la rección [“acción y efecto de regir”, dice la RAE] y administración directa de su casa como domina; 3) derecho a la titularidad y posesión de sus propios bienes si se casó sine manu; 4) en época clásica, derecho a no depender de la tutela jurídica de ningún varón y alcanzar total independencia jurídica de cualquier varón a condición de haber parido un mínimo de tres hijos vivos (ius trium liberorum); 5) siempre que haya tenido tres vástagos vivos, derecho a ejercer directamente su tutela (a modo de patria potestad, pero con otro nombre), en caso de enviudar y faltar el padre, sin necesidad de asignarse a esos hijos la tutela de un varón jurídicamente válido; 6) derecho al divorcio legal, tanto a solicitarlo como a ejecutarlo, de la misma manera que el varón.

Como hemos visto, esta palabra en latín no se refirió a la unión legal de una pareja que en latín y en derecho romano se llamaba connubium. De todos modos, connubium conllevaba, como en todas las sociedades, la unión legal de un hombre y una mujer con objeto de engendrar hijos legítimos principalmente. Esto en las sociedades antiguas no tiene nada que ver con las relaciones eróticas, incluso completamente estables, que puedan establecerse y que al estado y la comunidad poco les interesan. Sin embargo, a todas las sociedades les ha interesado regular la familia y sus derechos y obligaciones, y las formas de descendencia por motivos obvios, y es que no se podía ir engendrando hijos que luego tuviera que tragarse el cuerpo social, sin una clara responsabilidad individual sobre los hijos, su manutención y su inserción en sociedad, etcétera. En las sociedades patrilineales, estas obligaciones son del padre para con su linaje, pero por el contra requieren o exigen una seguridad en la paternidad, que se logra especializando a la mujer en una relación exclusiva con un varón que a la vez garantiza que esos hijos son suyos y otorga a la mujer un estatus (mayor o menor, según sociedades) que alcanza el máximo de dignidad y derechos en cuanto que es esposa y madre exclusiva: es este el concepto que recoge en latín matrimonium (la condición jurídica de la matrona) y el hecho de convertir a una mujer por parte de un varón en madre exclusiva de su descendencia legítima.

Finalmente, el vocablo, por desplazamiento y progresivamente, ha adquirido el sentido actual de unión legal de una pareja, para compartir vida, generalmente sexualidad, bienes y situaciones jurídicas, patria potestad sobre los hijos si los hubiere, etcétera, sin necesidad de que esta pareja tenga o no intención de reproducirse, pueda o deba necesariamente hacerlo. Es hoy, por tanto, el mero nombre de un vínculo jurídico entre dos que legalizan una comunidad de vida.

[Perdón por la informalidad, lo tomé de aquí: http://etimologias.dechile.net/?matrimonio]

De este texto se pueden desprender varias cosas:

1.    La figura del matrimonio nació dentro del derecho romano hace muchos, muchos años.
2.    En la época en que esa figura tuvo vigencia (con todas las características legales que se mencionan), la mujer gozaba de derechos individuales, pero estaba limitada en dos cosas: se restringía su incursión en la política y sólo podía tener derechos sobre sus hijos si cumplía una serie de requisitos, entre ellos el estar casada. En otras palabras, una mujer debía unirse en matrimonio con un hombre para tener derecho a ser madre de su descendencia.
3.    La mujer no gozaba de independencia jurídica plena; entonces, cualquier acto legal o jurídico debía ejercerlo a través de un hombre.
4.    Las características del matrimonio dentro del antiguo derecho romano no corresponden con la realidad de nuestra sociedad actual; por lo tanto, sería absurdo tratar de “proteger” el sentido de matrimonio tal y como surgió en aquella época; es decir, si se pide que se respete la definición de esta palabra de acuerdo con su significado original, debería entonces buscarse, además, que la mujer se someta a las consecuencias legales y jurídicas que implica, como perder su independencia jurídica, por ejemplo.

2) Las uniones homosexuales y la práctica de la homosexualidad van en contra de la naturaleza.

Este punto es muy interesante porque, para empezar de hablar de esto, necesitamos primero establecer a qué nos referimos con “naturaleza”, pues es un concepto tan grande que puede entenderse de diferentes maneras. Otra vez tomo la definición de la RAE:

naturaleza
De natural y -eza.
1. f. Principio generador del desarrollo armónico y la plenitud de cada ser, en cuanto tal ser, siguiendo su propia e independiente evolución.
2. f. Conjunto de todo lo que existe y que está determinado y armonizado en sus propias leyes.
3. f. Virtud, calidad o propiedad de las cosas.
4. f. Instinto, propensión o inclinación de las cosas, con que pretenden su conservación y aumento.
5. f. Fuerza o actividad natural, contrapuesta a la sobrenatural y milagrosa.
6. f. Especialmente en las hembras, sexo (‖ condición orgánica).
7. f. Origen que alguien tiene según la ciudad o país en que ha nacido.
8. f. Cualidad que da derecho a ser tenido por natural de un pueblo para ciertos efectos civiles.
9. f. Privilegio que se concede a los extranjeros para gozar de los derechos propios de los naturales.
10. f. Especie, género, clase. No he visto árboles de tal naturaleza.
11. f. Cualidad de los seres humanos no modificada por la educación.
12. f. Complexión o temperamento de cada individuo.
13. f. Señorío de vasallos o derecho adherido a él por el linaje.
14. f. Esc. y Pint. natural.
15. f. Rel. En la teología cristiana, estado natural del hombre, anterior al estado de gracia.
16. f. p. us. En sentido moral, luz que nace con el hombre y lo hace capaz de discernir el bien del mal.
17. f. desus. Parentesco, linaje.

Entonces, ¿en qué sentido se opone la homosexualidad a la naturaleza? Intuyo que se trata de la cuarta acepción, pues se supone que el fin primero de la unión matrimonial es el de conservar y aumentar el número de miembros de nuestra especie porque la naturaleza de la sexualidad es, precisamente, perpetuar la especie a través de la procreación. De hecho, encontré otro documento en la red que habla sobre la definición del matrimonio y en un fragmento dice:

El Código Civil no indica que el matrimonio debe hacerse entre personas de distinto sexo, pero se supone desde el momento que el artículo 147 indica que “Cualquier condición contraria a la perpetuación de la especie… se tiene por no puesta”; es decir, siendo uno de los fines esenciales del matrimonio la procreación de la especie, ésta sólo puede lograrse en la pareja hombre-mujer. El Código no tiene por qué poner atención en otro tipo de relaciones contrarias a la naturaleza, pues el derecho civil sigue a la naturaleza.

Imagino que se trata de versiones anteriores de la Constitución mexicana y el Código Civil. Dice ahí muy claro que uno de los fines esenciales del matrimonio es la procreación, así que me pregunto si, desde esta perspectiva, un matrimonio heterosexual sin hijos también sería considerado contranatura.

Pero hablemos de otros comportamientos que tenemos que van en contra de la naturaleza. Dos ejemplos muy sencillos: comer y vestir.

Si nos remitimos al mismo sentido de naturaleza, el principal objetivo de la alimentación (el acto de comer y beber) sería el de procurarnos de los nutrientes necesarios para garantizar el correcto funcionamiento de nuestro cuerpo, por decirlo de una manera muy sencilla. Desde esta lógica, cualquier ingesta y práctica culinaria que tenga objetivos distintos iría en contra de la naturaleza: desde comer comida chatarra por antojo, reunirse con los amigos a comer pizza y beber cerveza, hasta celebrar un cumpleaños con un pastel. En todos estos casos, el objetivo natural de la alimentación se pierde o queda en un plano secundario.

Algo parecido pasa con la ropa: en el principio de los tiempos, el ser humano comenzó a usar prendas de vestir derivadas de piel de animales para protegerse de las inclemencias del clima, como el frío. En algún momento surgió el pudor y entonces también se vistió para no exponer las características anatómicas más sugerentes de su sexo. Estos serían los fines naturales de la vestimenta: protección y pudor. Con el tiempo, la ropa se convirtió en una extensión (o reflejo) de nuestra cultura y personalidad; nació el sentido de la moda y ahora, al elegir nuestra vestimenta, nos parecen más importantes factores que dejan muy atrás la naturaleza del vestir, como el color, la marca y el modelo de las prendas que utilizamos.

¿Esto significa que es malo comer, si no es para saciar el hambre, y vestir, si no es para protegernos del clima? ¿Deberíamos normar también esta clase de comportamientos que claramente van en contra de la naturaleza?

Me pregunto también: ¿no es natural en nosotros, seres humanos, utilizar nuestra capacidad de manipular la naturaleza según nuestra conveniencia? Producto de esa manipulación tenemos casas de diferentes materiales, nos transportamos en vehículos que alcanzan velocidades físicamente imposibles para el humano y existen tratamientos médicos efectivos para un montón de enfermedades que hace tiempo eran mortales, entre un montón de cosas.

Volviendo al tema de la procreación, decíamos que un argumento en contra de las uniones homosexuales es que se oponen a la naturaleza de la procreación para perpetuar la especie. Otro argumento es que la homosexualidad es una degeneración que no existe en otras especies.

Pero, ¿qué sentido tiene esto?

Es verdad que las distintas especies de seres vivos buscan perpetuarse a través de la reproducción, pero no podemos negar que, en el caso de los seres humanos, esta necesidad está por mucho superada. ¿Sigue siendo necesario en nuestros tiempos garantizar la reproducción humana? Tengamos en cuenta que muchos problemas que vivimos actualmente derivan de la sobrepoblación o se relacionan con ella: inseguridad, falta de empleo, dificultad para establecer una vivienda, daños al medio ambiente, etcétera.

Sobre el hecho de que la homosexualidad no exista en otras especies, este tema ya ha sido documentado. Sí, existe homosexualidad en otras especies; es decir, la homosexualidad existe en la naturaleza, no es un comportamiento exclusivo del ser humano.

Aquí un artículo sobre la homosexualidad en animales no humanos: http://www.revista.unam.mx/vol.11/num10/art100/art100.pdf

3) No hay forma de que una pareja homosexual pueda procrear hijos, así que tampoco deberían adoptarlos.

Desde esta perspectiva, una pareja heterosexual tampoco debería tener derecho de adoptar si alguno de los miembros estuviera incapacitado para procrear. Sólo sería válido adoptar para una pareja heterosexual que ya tuviera hijos biológicos.

4) Los homosexuales no son aptos para criar hijos porque son inestables.

Se dice que los individuos homosexuales tienden a tener problemas psicológicos o son más inestables emocionalmente que individuos heterosexuales. ¿Tiene esto fundamento? Bueno, quizá no fundamento, pero creo que sí hay un origen para esta postura.

Hasta 1975, la homosexualidad estaba formalmente definida como una enfermedad mental, igual que la psicopatía, por ejemplo. A partir de entonces —hace apenas 40 años— se ha reconocido que la orientación homosexual no tiene ninguna implicación negativa en el desarrollo de un individuo. Sin embargo, me pregunto qué efectos habrá podido provocar el hecho de que, durante tanto tiempo, se haya considerado al homosexual como un enfermo o depravado sexual. Para mí, la consecuencia más obvia es la dificultad de asumir la propia homosexualidad (lo que le dicen “salir del clóset”); por eso es tan importante para un homosexual el apoyo familiar o de sus círculos sociales más cercanos.

En fin, me parece relativamente normal que aún haya ideas infundadas sobre la homosexualidad, y que esas ideas se vuelvan más fuertes cuando se trata de la crianza. Al respecto, encontré un documento muy interesante de la Asociación Americana de Psicología. Aquí el enlace: https://www.apa.org/topics/lgbt/answers-questions-so-spanish.pdf. En pocas palabras, se sostiene que no hay evidencias para alegar que los homosexuales tengan menos aptitudes con respecto de los heterosexuales para mantener relaciones de pareja estables y duraderas, así como para educar a sus hijos. Por lo tanto, no hay un motivo válido para impedir que parejas homosexuales tengan derecho de adoptar.

5) Es necesario defender y proteger el modelo de “familia natural”.

Dejando de lado el concepto de familia natural, yo pregunto: ¿en qué sentido la defienden? ¿Por qué consideran que ese modelo está amenazado? ¿De qué o de quién deben defender su modelo de familia natural?

6) La homosexualidad es una práctica claramente rechazada en la biblia.

Es decir, a Dios no le gusta la homosexualidad, la rechaza; de alguna manera, los homosexuales somos accidentes desafortunados de la creación. Parece que queda muy claro en algunos pasajes bíblicos que sirven a católicos y cristianos para definir sus conceptos y posturas en torno al matrimonio, la pareja y los hijos.

Debo decir que soy atea y, aunque me interesa entender la forma en que las religiones conciben el mundo, en este caso quisiera pasar a algo más importante. Comparto algunos fragmentos de la Constitución mexicana.

Artículo 3o. Todo individuo tiene derecho a recibir educación. El Estado –Federación, Estados, Distrito Federal y Municipios–, impartirá educación preescolar, primaria, secundaria y media superior. La educación preescolar, primaria y secundaria conforman la educación básica; ésta y la media superior serán obligatorias.

La educación que imparta el Estado tenderá a desarrollar armónicamente, todas las facultades del ser humano y fomentará en él, a la vez, el amor a la Patria, el respeto a los derechos humanos y la conciencia de la solidaridad internacional, en la independencia y en la justicia.

El Estado garantizará la calidad en la educación obligatoria de manera que los materiales y métodos educativos, la organización escolar, la infraestructura educativa y la idoneidad de los docentes y los directivos garanticen el máximo logro de aprendizaje de los educandos.

I. Garantizada por el artículo 24 la libertad de creencias, dicha educación será laica y, por tanto, se mantendrá por completo ajena a cualquier doctrina religiosa.

II. El criterio que orientará a esa educación se basará en los resultados del progreso científico, luchará contra la ignorancia y sus efectos, las servidumbres, los fanatismos y los prejuicios.

Además:

a) Será democrático, considerando a la democracia no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo.

            […]

Artículo 24. Toda persona tiene derecho a la libertad de convicciones éticas, de conciencia y de religión, y a tener o adoptar, en su caso, la de su agrado. Esta libertad incluye el derecho de participar, individual o colectivamente, tanto en público como en privado, en las ceremonias, devociones o actos del culto respectivo, siempre que no constituyan un delito o falta penados por la ley. Nadie podrá utilizar los actos públicos de expresión de esta libertad con fines políticos, de proselitismo o de propaganda política.

El Congreso no puede dictar leyes que establezcan o prohíban religión alguna.

Los actos religiosos de culto público se celebrarán ordinariamente en los templos. Los que extraordinariamente se celebren fuera de éstos se sujetarán a la ley reglamentaria.

Creo que aquí no hace falta agregar ni precisar nada.

En general, acepto que todos tenemos el derecho de manifestar nuestras inconformidades de manera pública cuando se trata asuntos en que el Estado debería intervenir; por ejemplo, apoyo el movimiento de los maestros en contra de la “reforma educativa” (que ya sabemos que no es educativa, sino laboral). Sin embargo, mi postura muy personal es que formar parte de esa clase de movimientos, entre otras desventajas, lo pone a uno en peligro de resultar manipulado y perseguir intereses personales de líderes mañosos y egoístas. Justamente por eso no me cuadra mucho la figura de “líder de opinión”.

Para concluir, quiero decir que lo que más me molesta del Frente Nacional por la Familia es que se trata en realidad de un intento de segregación disfrazado de defensa por los derechos de los niños.

A lo largo de nuestra historia, los seres humanos hemos utilizado, manipulado y discriminado a otros seres humanos por considerarlos inferiores: la mujer en general, las personas de raza negra o autóctona, personas con diferentes clases de discapacidad, etcétera. Afortunadamente, también hemos tenido el sentido común suficiente para, de alguna u otra manera, normar nuestro comportamiento y progresar como sociedad.

Bueno, el tema de la homosexualidad, para empezar, es más reciente, al menos en esta cuestión del reconocimiento de los derechos civiles. Por otro lado, los homosexuales —todos— tenemos una particularidad: no existe un rasgo físico ni cultural que nos vuelva distinguibles. Sí, es verdad que en muchos casos el individuo se delata con su comportamiento, pero hay muchas personas que no lo hacen; es decir, un homosexual no tiene una característica particular que le permita distinguirse, por ejemplo, de entre un grupo de personas reunidas al azar. La única característica que distingue realmente al homosexual del heterosexual se revela cuando se toca el tema de la sexualidad, las uniones sentimentales y la paternidad en pareja.

Esta es mi opinión más personal: la iniciativa del Frente Nacional por la Familia es un intento por aferrarse al último resquicio de posibilidad para segregar al homosexual. Ya que no es posible restringirlo en otros ámbitos (no se le puede negar un trabajo, por ejemplo) ni es posible obligarlo a reprimir su orientación sexual, lo último que queda es evitar que tenga la capacidad legal de contraer matrimonio con una pareja de su mismo sexo y que adopte hijos, y en este intento está queriendo llevarse por delante las garantías individuales (recordemos sus propuestas de reforma al artículo 4º constitucional); incluso, después de esta revisión, dudo de la veracidad de sus objetivos de proteger el bienestar de la niñez y defender a la familia. Este movimiento, sin embargo, ha tenido mucho cuidado de no aludir a la homosexualidad como meta de sus iniciativas ni a la religión católica como origen, pero no es complicado discernir a partir de lo que ellos mismos exponen en su página web.

Esta necedad de no querer dejar que una pareja homosexual contraiga matrimonio y adopte hijos parece más una actitud infantil que un acto de rectitud moral. Es como ese niño consentido y posesivo que no permite que nadie invada su espacio ni tome sus cosas, que prefiere tener sus juguetes arrumbados, fuera del alcance de los demás, porque son suyos y no quiere que nadie los toque, aunque en realidad a él no le interesen.

lunes, 27 de junio de 2016

Reflexión sobre la realidad social y laboral en México







En México, la comunidad estudiantil de nivel superior se ha ganado el respeto (y creo que valdría decir que un poquito de miedo también) del gobierno porque, cada vez que se toman decisiones que afectan a su institución educativa correspondiente (IPN, por ejemplo), ellos brincan, se organizan, se manifiestan, toman acciones inmediatas (como cerrar centros de estudios) y exigen explicaciones y diálogo con las autoridades.

Y el gobierno cede. Y se reúnen y toman acuerdos. Esto es independiente de que los estudiantes puedan tener razón o no tenerla en cuanto a sus exigencias. El chiste es que el gobierno cede ante ellos, se reúnen y toman acuerdos.

Quiero hacer énfasis en que el gobierno cede a las exigencias de los estudiantes. Claro, tiene el compromiso de tratarlos con cuidado porque corren el riesgo de ser señalados como opresores por la opinión pública.

¿Y los maestros? Ah, ahí la historia es diferente y el gobierno la tiene más fácil: como nadie quiere a los maestros porque todos son unos huevones ignorantes que ni escribir bien saben, sólo basta hacer algunos reportajes y entrevistas tendenciosos cada semana y no hay mayor problema. Los maestros son malos; el gobierno combate a los maestros; por lo tanto, el gobierno tiene razón. Ni siquiera hace falta pensarle mucho, ¿verdad?

Por eso nadie (casi, casi nadie) se toma la molestia de revisar de qué se trata la reforma educativa; ni siquiera piensan en por qué se dice que no debería llamarse así, por qué se le considera en realidad una “contrarreforma laboral”.

¿A nadie le hace ruido el hecho de que el secretario de Educación se niegue a “dialogar” con los maestros protestantes si no se someten primero a la reforma? Si lo pienso un poquito, me parece inverosímil que una autoridad le exija a un trabajador (a uno, a diez, a mil, a un millón) que primero acepte una imposición con la que no está de acuerdo (por las razones que quieran, eso ahorita no importa) para luego “dialogar” acerca de esa imposición. Y con mucho orgullo ha dicho y repetido sin cansancio que no hay marcha atrás a la reforma; no sé ustedes, pero yo veo inundadas de autoritarismo esas palabras. Ya quisiera que se pusiera a hablarles así a los estudiantes del IPN.

Me imagino que muchos de ustedes tienen trabajo o han tenido que buscar trabajo. Me imagino que al estar buscando ofertas, ven lo que ofrecen las empresas o lugares donde se ofrecen plazas. No sé ustedes, pero yo en lo primero que me fijo es en el sueldo y en las prestaciones, y es francamente poco frecuente que entre estos ofrecimientos se incluyan “prestaciones de ley”. ¿Se han puesto a pensar qué implica esto? Para mí, dos cosas:

1) A todo trabajador, por ley (debe mínimamente venir contemplado en la Constitución o en la Ley Federal del Trabajo; no lo sé de cierto porque nunca he revisado estos documentos a conciencia), le corresponde una serie de prestaciones: seguro médico, vacaciones y aguinaldo, hasta donde tengo entendido. La verdad no sé si la seguridad en el empleo forme parte del paquete (la base, que le llaman).
2) No cualquier empresa ofrece prestaciones de ley.

¿Pero por qué no cualquier empresa ofrece “prestaciones de ley”, si son de “de ley”? Me imagino que a la autoridad correspondiente no le ha preocupado lo suficiente esta situación como para hacer algo en beneficio del trabajador. Me imagino que como la clase trabajadora no se ha organizado en general (se organizan y manifiestan por gremios y casi siempre los medios de comunicación dispersan la atención a esos movimientos), pues no han llamado la atención de manera suficiente. Ni siquiera creo que se tenga conciencia del poder que se puede alcanzar con una organización apropiada.

Bueno, los maestros, dentro de todo, habían logrado mantener esas prestaciones. Me refiero a los maestros sindicalizados; la situación del maestro de educación básica del sector privado creo que es la misma que la de cualquier otro trabajador (es decir, que sus condiciones de trabajo dependerán de qué tan buena onda sea la escuela donde labora).

Con esta reforma (que no es educativa, sino laboral), entre otras cosas que valdría la pena analizar con detenimiento, los maestros están en riesgo de perder esos derechos (no privilegios, ¿o tú dirías que contar con servicio de salud es un privilegio?).

Entonces, tenemos de dos sopas:

1) Dejar que los maestros mueran solos y pasen a vivir la realidad de cualquier trabajador, cuya situación laboral está sujeta a la buena onda de sus patrones, porque el estado no vigila que se presten las condiciones mínimas dignas (prestaciones de ley). Aunque con la salvedad de que el patrón de los maestros es, pues, el estado, dentro de la figura de la SEP.
2) Tomar conciencia de que en realidad esta situación nos afecta a todos y que somos todos quienes deberíamos estarnos organizando y manifestando para exigir garantías a nuestros derechos laborales, incluyendo a los maestros, a los médicos, a los periodistas, a los diseñadores gráficos, a los obreros, a los godínez y etcétera.

Si no te gusta cómo lucha el maestro rural, haz tu propia lucha y pon el ejemplo.

jueves, 23 de junio de 2016

Testimonio de una trabajadora de la educación

Por Margarita Figueroa Ordaz
(Texto publicado originalmente a través de Facebook)



No me gusta mucho escribir mis opiniones en Facebook, pero hoy romperé mi costumbre; no lo hago porque la mayoría de la gente no tiene una idea real de lo que los maestros comprometidos con nuestro trabajo (que más que eso es un verdadero apostolado) sentimos con esta dizque Reforma Educativa.

Primero les contaré que en mis casi 42 años de servicio he vivido infinidad de reformas, casi una con cada presidente, cuando no más de una. Para cada una de ellas nos hemos tenido que preparar, cambiar paradigmas y modos de enseñanza, estemos de acuerdo o no. Sobra decir que todas ellas han sido implementadas siguiendo modelos de otros países que no tienen nuestra cultura, nuestra infraestructura ni ideología. Por supuesto, nunca hemos tenido oportunidad de ver fructificar nuestros esfuerzos, pues al llegar el nuevo presidente se nos impone la nueva reforma, con el nuevo modelo educativo.

A diferencia de las anteriores en las que, como era nuestra obligación, seguíamos la pauta del presidente en turno, la actual no la hemos querido ni podido aceptar porque ni siquiera es una reforma educativa. Si alguien que se ponga a leerla me demuestra que estoy equivocada, con gusto aceptaré mi error.

Esta es una reforma laboral disfrazada que viene a quitar todos los beneficios que con años de lucha habíamos logrado los maestros. Reforma que ni siquiera respeta los derechos que nos otorga nuestra Carta Magna. Les cuento, por ejemplo, que los maestros de nuevo ingreso que laboran en mi escuela (no lejos, muchos de mis amigos) no tienen servicio médico, no tienen derecho a vacaciones pagadas (ni un solo día), no tienen derecho a enfermarse porque de hacerlo obviamente no se presentarán a trabajar y yo tengo la obligación de ponerles falta para que se les descuente el día (por supuesto, no lo hago). A pesar de haber obtenido “su plaza” a través de exámenes de oposición, con los mejores puntajes de entre todos los aspirantes, no tienen la base y son examinados cada año.

Díganme en qué empleo les exigen estar siempre estudiando para certificarse, para demostrar que son aptos para el trabajo que desempeñan. ¿En qué trabajo tienen la obligación de presentar su planeación anticipada cada mes, de demostrar que semanalmente hacen adecuaciones a esta planeación, de tratar de enseñar a un puñado de menores, niños o adolescentes, a pesar de las carencias que (incluso en mi escuela, donde los padres participan activamente) tenemos? ¿Se han puesto a pensar cómo nos esforzamos la mayoría de los maestros para educar a nuestros alumnos, a pesar de los padres (porque muchos no los educan), a pesar de los malos programas de televisión que ven, a pesar del acceso indiscriminado que tienen a los aspectos negativos del internet? ¿A pesar de la indiferencia que muchos padres demuestran por la educación de sus hijos?

¿En qué empleo tienen que dedicar tanto "tiempo libre” para calificar exámenes, preparar clases, revisar trabajos y evaluar su labor? ¿Ya leyeron la parte de la reforma que se refiere a los mínimos de infraestructura con que debe contar cada escuela que es por donde nuestras autoridades deberían haber empezado? Y más ahora, que el SAT ha hecho gala de eficiencia para recabar impuestos y, por lo tanto, los recursos que debieran abocarse a la educación han crecido enormemente.

Les cuento que la escuela que dirijo fue fundada en el año 2000 y a la fecha no ha sido terminada de construir. No tenemos Establecimiento Escolar de Consumo (cooperativa escolar), biblioteca, bodega, sala audiovisual, sala de maestros. Ni siquiera ha sido pavimentada el área de estacionamiento que está al frente de la escuela. Tenemos doce grupos, cuatro de cada grado y trabajamos sólo con 11 aulas, gracias al trabajo que realizamos quienes aquí trabajamos. Quienes me conocen saben que nuestra escuela goza de prestigio en nuestra comunidad tanto por los resultados de nuestros alumnos (calificaciones) como por el ambiente en el que trabajamos (valores).

Les platico también que nuestro maestro de música, con apoyo de alumnos y padres de familia, construyó un aula para sus clases utilizando como techo la manta que el huracán Jova tiró de la cubierta de nuestra plaza cívica, y el huracán del año pasado la rompió de nuevo. Bueno, pues la SEP e Incoifed (los que construyen escuelas) tuvieron presupuesto para tirar las bases que el maestro Basilio con sus propias manos había construido, pero hasta la fecha no ha habido presupuesto para reconstruirlas (aunque está autorizado).

Podría pasarme días enteros contándoles acerca de lo mucho que esta reforma me indigna, pero creo que si ustedes quieren realmente enterarse, pueden buscar los medios para hacerlo de la manera adecuada. Me apena que, a pesar de conocer las deficiencias de nuestros medios de comunicación (algunos amordazados, otros vendidos), todavía sigamos creyendo en los noticieros de mayor circulación. ¿Ya se nos olvidó que en el ‘68 el mundo entero sabía lo que sucedía en el DF, menos los mexicanos? Por favor, abramos los ojos y dejemos de educarnos con la tele, los memes y tantas mentiras. Sé que los maestros no somos los únicos jodidos con este gobierno, que las reformas no sólo a nosotros nos afectan; sé que hay mucha gente que ni siquiera puede pertenecer a un sindicato, a una organización que lo defienda. ¿Esto es razón para que no luchemos? ¿Hemos de estar todos jodidos para estar contentos todos iguales?

¡Despertemos! ¡Abramos los ojos! ¡¡Ya basta de tanto conformismo!! ¡Basta de estorbarnos en lugar de apoyarnos unos a otros! ¡Analicemos! ¿Qué estamos haciendo por nuestro México? ¿Qué vamos a heredar a nuestras futuras generaciones?

Tal vez esto no los haga cambiar de idea, ni reflexionar sobre nuestra lucha, pero por lo menos yo me siento tranquila y satisfecha de haberme expresado y contarles un poco de nuestra verdad. Dejo en sus manos y en sus corazones la decisión de informarse o no, de apoyarnos o no, de preocuparse por nuestro México y la educación de nuestros niños y adolescentes o no.


Margarita Figueroa Ordaz tiene más de 40 años trabajando al servicio de la SEP
y, desde hace más de 10 años, es directora de una secundaria federal en Manzanillo.
Ah, y, además de brillante persona, es mi mamá.