viernes, 21 de octubre de 2016

Carros hostiles

Imagen: wired.com

Ayer salí en bici, como prácticamente todos los días, porque es mi medio de transporte.

Realmente no hace mucho que estoy tan involucrada con esto del ciclismo amateur, pero estoy ya familiarizada con el tráfico de Colima. Eso significa, principalmente, que estoy acostumbrada a los conductores que me gritan, me pitan, me rebasan a una distancia y velocidad imprudentes, entre otras bonitas costumbres; al parecer, a algunos —no puedo decir que a todos, ni siquiera que a la mayoría— les molesta el simple hecho de ver bicicletas circulando en la calle.

En fin, que ayer salí de compras en bici. Para regresar a mi casa, me voy sobre avenida Niños Héroes y, donde hay un Oxxo, tomo el carril izquierdo para dar vuelta a la izquierda sobre avenida Solidaridad. En esas estaba cuando escuché un claxon medio impaciente detrás de mí; como siempre hago, volteé para buscar la cara del susodicho y, cuando hicimos contacto visual, me volvió a pitar. Quizá me pude haber abierto a la derecha para dejarlo pasar, pero dos cosas:

1. Yo quería agarrar el carril de la izquierda para dar vuelta.
2. ¿Por qué debería ceder ante esa actitud? Cuando algún auto me alcanza y veo que tengo espacio, no tengo ningún problema en hacerme a un lado para dejarlo pasar.

Cuando pasó junto a mí, el conductor me gritó: “Tu lugar es en la orilla, no en el carril”; palabras más, palabras menos, pero sí fue muy claro al decir que no me corresponde circular sobre el carril, que —pensará él— es exclusivo para los automóviles.

Se ha vuelto tan común para mí vivir ese tipo de rencillas que ya ni siquiera me enojo y pocas veces me asusto (a los tráileres, autobuses y camiones sí les tengo más respeto). Pero me quedé pensando: ¿Cuántos automovilistas de hecho creen que los ciclistas no tienen o no deberían tener permitido circular sobre los mismos carriles que utilizan los autos? Me atrevo a pensar que la mayoría.

Quizá muchos no lo sepan —yo me enteré hace poco—, pero existe una Ley de Fomento para el Uso de la Bicicleta en el Estado de Colima, publicada desde el 5 de septiembre de 2012, así como un reglamento que deriva de ella. El artículo 4° de ese reglamento dice que “los conductores de vehículo automotor de dos o más ruedas deberán respetar el derecho que tienen los conductores de bicicletas, en sus diferentes modalidades, para usar un carril de circulación”.

Ahí lo tienen. Los ciclistas tenemos derecho de circular por las vías urbanas.

Bueno, pero más allá que defender mi derecho, me gustaría invitar a la reflexión, tanto a los automovilistas como a aquellos ciclistas que aún circulan con miedo sobre las banquetas, en sentido contrario o a la orilla del camino.

Quizá en otras ciudades la realidad sea diferente, pero en Colima, el ambiente para el ciclista urbano, más que peligroso, es hostil; es decir, el automovilista en general ve al ciclista como un enemigo invasor y, por ello, sus esfuerzos se concentran en quitarlo del camino, no en atropellarlo. Quizá la diferencia sea sutil, pero me parece importante comprenderla: un automovilista no desea que los ciclistas se mueran (quizá algún desequilibrado sí, pero dudo que sea una tendencia general), sino simplemente que no le estorben.

Insisto, no me refiero a la mayoría de los automovilistas porque, en mi experiencia, es un porcentaje más bien pequeño (de todo el total que circula por las calles) el que se comporta de manera hostil.

Una vez que estamos de acuerdo en que la bicicleta es un medio válido de transporte, debemos entender por qué es importante que el ciclista circule dentro de los carriles, no a las orillas.

Cuando circulas lo más pegado a la orilla del camino, te expones a muchos peligros:

1. Es fácil para el resto de los automovilistas ignorarte y pasar junto a ti como si no estuvieras ahí, a toda velocidad y a escasos centímetros (o milímetros). Algunos, de hecho, quizá ni te vean.
2. Si hay autos estacionados al pie del camino, te arriesgas a que abran la portezuela justo en el momento en que pases junto a ellos y, al estar tan cerca, esa portezuela puede hacer que te lleves un buen golpe. Conozco historias y seguro todos hemos visto algún video.
3. Peor que el punto anterior, por ir tan cerca de los autos estacionados, si uno de ellos está a punto de maniobrar para incorporarse a la circulación, es muy probable que no te vea, aunque se asome primero por el espejo retrovisor, y si casualmente pasas junto a ese auto cuando decida arrancar, el que saldrá mal librado serás tú.
4. Si no hay autos estacionados al pie del camino, aún existe el riesgo de que salga algún auto por una calle perpendicular y no te vea con la suficiente anticipación.

En cambio, cuando circulas sobre un carril del camino, obligas al automovilista a que te vea; te conviertes entonces en un elemento de su realidad al transitar y forzosamente te tomará en cuenta antes de hacer cualquier maniobra. Sí, quizá te pite, te grite o intente hacer algo para asustarte, pero te estará viendo y, mientras te vea, estarás a salvo.

La circulación de bicicletas puede ser algo incómodo y, en algunos casos, hasta engorroso para los automovilistas, pero no es algo que en sí mismo vuelva más lenta la circulación. Al contrario. Y es más importante conservar la propia integridad que evitar ser una incomodidad para aquel que simplemente no se ha adaptado —o no ha querido adaptarse— a los nuevos tipos de transporte urbano.

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